Yo soy de los que prefieren la Ciencia-ficción a la Fantasía. El segundo es un género, en mi opinión, demasiado reducido como para producir auténticas maravillas. Pero siempre existe quien se empeña en demostrar lo contrario, y alguno hasta lo consigue. De lo que yo conozco citaría a Tolkien, Pratchett, Martin… y Ursula K. Le Guin.
Abrá quien me acuse de hacer trampa, ya que Ursula K. Le Guin es más escritora de ciencia-ficción que de fantasía, pero esta chica ha escrito las Historias de Terramar y eso la convierte, en mi opinión, en uno de los autores fundamentales de la fantasía.
Es Terramar un archipiélago dominado por una magia basada en las palabras. Son las palabras las que dan poder, y los hechiceros no son más que maestros de las palabras. Todas las historias giran en torno a la magia, y al poder y sus límites. La magia no es tan poderosa como en otras ambientaciones, pero sigue siendo omnipresente. Tanto como lo estaba en nuestra Europa medieval, tanto como lo estaría en un mundo fantástico-medieval coherente.
Las Historias de Terramar son distintas novelas cortas que comparten un personaje, aunque no siempre como protagonista, un mago llamado Gavilán. Desde distintos puntos de vista, se nos presenta la evolución del mago desde su infancia hasta que se convierte en un hombre de gran sabiduría y más allá, hasta su posterior decadencia. Ese es sin duda el gran mérito de la autora, la evolución de un personaje que pasa de la ingenuidad a la sabiduría con una elegancia y naturalidad que nos hace sonrojar a todos los que hemos intentado alguna vez desarrollar algún personaje un poco creible.
Soy consciente de que estoy utilizando mucho la palabra sabiduría y no me avergüenzo porque creo que es lo más importante de estos libros. Los magos de estos libros son sabios, y no porque el autor lo diga, sino porque sus palabras y su forma de actuar desprenden verdadera sabiduría. Le Guin es tan habil trasmitiendo esta sensación que, me permitiré la blasfemia, supera al mismísimo Tolkien en este sentido.
Por citar algo negativo, acostumbrados a la literatura de best-seller (aquí te pillo, aquí te mato), la lectura de una de estas novelas puede parecer hasta lenta, ya que la autora se recrea en el ambiente hasta que al final remata la acción en apenas unos pocos capítulos. Personalmente no me molesta pero es probable que a algún lector sí. Podríamos decir también que a veces dedica mucho esfuerzo al “día a día” de los personajes y poco a contar las cosas realmente interesantes. Da igual, todo se le puede perdonar.
Yo de mayor quiero ser Ursula K. Le Guin.








